Iran backpackers

Con nuestros pasaportes y nuestras bicis a buen recaudo en Teherán, cogemos un bus de noche hacia Isfahán, la primera de las tres ciudades del centro-sur de Irán que decidimos visitar. Es el comienzo de un fin de semana largo con lo que la estación de buses de Teherán está abarrotada y conseguir un billete de último minuto se convierte en una aventura. Entre la multitud, aparece Mohammed, un joven estudiante que vuelve a casa por el puente, nos ayuda a encontrar plazas en un bus y nos propone ir a su casa cuando lleguemos de madrugada. Así que media noche en el autobus y otra media en su casa, desayunamos con su madre, profesora de francés, antes de irnos a recorrer la ciudad. La ciudad de Isfahán se caracteriza por una extensa red hidrográfica de madis (canales) y puentes que alimentaba la ciudad y los alrededores con las aguas del Zayandeh Rud, desviado en el 2001 para paliar la falta de agua en la ciudad desértica de Yazd. La plaza Naghsh-e Jahan es otro de los íconos de la ciudad donde disfrutamos sentándonos y viendo a la gente pasear y sacarse selfies. 

Nos passeports et nos vélos bien au chaud à Téhéran, nous prenons un bus de nuit pour Ispahan, la première des trois villes du centre-sud de l'Iran que nous avons décidé de visiter. Nous partons la veille d'un pont de trois jours, la gare routière de Téhéran est donc pleine à craquer et trouver un billet de dernière minute va vite devenir un exploit. Au milieu de la foule, apparaît Mohammed, un jeune étudiant qui rentre chez lui pour le week-end prolongé, et qui nous aide à trouver des places dans un bus avant de nous inviter chez ses parents pour attendre le jour. Nous passons donc la moitié de la nuit dans le bus et l'autre moitié chez eux, nous déjeunons avec sa mère, professeur de français, avant de partir découvrir la ville. Ispahan se caractérise par un grand réseau hydrographique de madis (canaux) et de ponts qui alimente la ville et les environs avec les eaux du Zayandeh Rud, dont le cours a été dévié en 2001 pour résoudre le manque d'eau de la ville de Yazd. La place Naghsh-e Jahan est un autre emblème de la ville, où nous prenons le temps de nous asseoir et d'observer les gens se promener et faire des selfies. 


Otro bus de noche y estamos en Shiraz, esta vez sin la protección de Mohammed, a las cinco de la mañana según bajamos del autobus con los ojos a medio abrir, nos asalta la realidad con una lluvia de “taxi my friend”, “hotel mister”, “persépolis”... pero nosotros solo queremos seguir durmiendo en la sala de espera de la estación. En este momento echamos más de menos nuestras bicicletas que nuestros pasaportes. La bicicleta permite viajar de una forma diferente a la de mochilero, llegar a los sitios por la puerta de atrás, entrar sin hacer ruido y ser autónomos en los desplazamientos sin pasar por la hilera de taxistas, tour operadores y otros negociantes turísticos. Con la bici pasamos por sitios donde no suelen pasar turistas, la gente nos mira con una cara entre sorpresa, admiración y a veces espanto y las relaciones son más espontáneas y desinteresadas.

 

Después de un par de horas durmiendo en los bancos de la estación, nos vamos a Persépolis, a cincuenta kilómetros de Shiraz, para visitar las ruinas de la antigua capital del imperio persa acheménide cuya construcción empezó en el año 521 a.C. durante el reino de Darius I° y que fue posteriormente destruída y saqueada con la invasión de las tropas de Alejandro Magno en el 331 a.C. Aquí nos reencontramos con la familia CajaVoyage con quienes pasamos un buen rato y que nos llevan de vuelta a Shiraz en su autocaravana que nos hace soñar. En Shiraz nos instalamos en un hostel del casco antiguo antes de salir a conocer la ciudad que revive con el atardecer después de la siesta nacional. Al día siguiente visitamos la mezquita Nazir-ol-Molk, donde los vitrales de colores iluminan la sala de oraciones a ciertas horas de la mañana y el mausoleo Shah Cheragh donde yacen los restos de dos de los hijos del séptimo imam chiita Musa al-Kazim. La localidad es también conocida por ser el lugar de origen de la cepa vinícola Syrah que por desgracia ya no se puede utilizar para producir vino en Irán. Antes de irnos a Yazd, probamos los faloodehs, postres típicos de la ciudad hechos con fideos de almidón congelados en un jarabe de azúcar y agua de rosa. 

Un autre bus de nuit et nous sommes à Chiraz, cette fois sans la protection de Mohammed, à cinq heures du matin à peine descendus du bus avec les yeux encore à demi-fermés, la réalité nous assaille d'une pluie de "taxi my friend", "hotel mister", "persépolis"... mais nous voulons juste finir notre nuit dans la salle d'attente de la gare. Nous manquent alors plus nos vélos que nos passeports. Le vélo nous permet de voyager de manière très différente qu'en sac à dos, d' arriver sur les sites par la porte de derrière, sans faire de bruit et d'être autonomes dans nos déplacements sans passer par la rangée de chauffeurs de taxis, tour opérateurs et autres négociants touristiques. En vélo nous passons par des endroits où les touristes ne passent pas, ou peu, les gens nous voient arriver avec un mélange de surprise, admiration et parfois de frayeur et les relations sont plus spontanées et désintéressées. 

 

Après quelques heures à dormir sur les bancs de la gare, nous partons vers Persépolis, à une cinquantaine de kilomètres de Chiraz, pour visiter les ruines de l'ancienne capitale de l'empire perse achéménide dont la construction a commencé en 521 avant J.C sous le règne de Darius Ier et qui a été ensuite détruite et saccagée par les troupes d'Alexandre le Grand en 331 avant J.C. Nous retrouvons la famille de vendéens CajaVoyage avec qui nous passons un très bon moment avant de rentrer à Chiraz dans leur caravane qui nous fait rêver. A Chiraz nous nous installons dans une auberge de la vieille ville avant d'aller parcourir le centre qui revit au coucher du soleil après la sieste nationale. Le lendemain nous visitons la mosquée Nazir-ol-Molk, où les vitraux de couleurs illuminent la salle de prières à certaines heures de la matinée, et le mausolée Shah Cheragh où reposent les deux fils du septième imam chiite Musa al-Kazim. La ville est aussi connue pour être le lieu d'origine du cépage vinicole connu sous le nom de Syrah qui malheureusement ne peut plus être utilisé en Iran pour produire du vin. Avant de partir pour Yazd, nous dégustons les faloodehs, desserts typiques de la ville à base de vermicelles d'amidon congelés dans un sirop de sucre et d'eau de rose. 


Yazd es una ciudad de adobe construída a las puertas del desierto, último núcleo iraní de la religión zoroastrista y caracterizada por sus “bagdir” (torres de viento) y depósitos de agua que permiten mantener las casas y el agua frescas durante los meses más calurosos de verano. Coincidimos con Pere y Celia, una pareja valenciano-malageña que viene a dedo desde España y con quienes nos encontramos de casualidad por cuarta vez desde que estamos en Irán. Nos vamos los cuatro a visitar las torres del silencio o “dakhma”, en las afueras de Yazd, donde los habitantes de la ciudad practicaban el entierro a cielo abierto hasta en los años 1960. Tras un ritual funerario, se le encargaba el cuerpo del difunto al “nesasalar” única persona autorizada a entrar en las torres y condenada de por vida a quedarse en el recinto (para no propagar posibles enfermedades), para que lo colocara en la cima de éstas, y que los buitres vengan a limpiarlo de sus enfermedades terrenales. Compartimos varios agradables momentos con esta pareja de aventureros en las azoteas de Yazd antes de coger el último bus de noche que nos lleva de vuelta a Teherán. 

Yazd est une ville d'adobe construite aux portes du désert, dernier centre iranien de la religion zoroastrienne, caractérisée par ses "bagdirs" (tours de vent) et ses réservoirs d'eau qui permettent de maintenir les maisons fraîches pendant les mois les plus chauds de l'été. Nous retrouvons par hasard, et ce pour la quatrième fois en Iran, Pere et Celia, un couple d'espagnols qui voyage en stop, et partons tous les quatre visiter les tours du silence, "dakhma", à la sortie de ville, où les habitants pratiquaient des enterrements à ciel ouvert jusque dans les années soixante. Après un rituel funéraire, le corps du défunt était confié au "nesasalar", seule personne autorisée à entrer dans les tours et condamnée à vie à rester dans le périmètre fermé (pour éviter la propagation d'éventuelles maladies), pour qu'il le place au sommet d'une des tous et que les vautours viennent les nettoyer de leurs maladies terrestres. Nous partageons de très bons moments avec ce couple d'aventuriers sur les toits de Yazd avant de prendre un dernier bus de nuit qui nous ramène à Téhéran. 


No queríamos pensar mucho en ello, pero al tramitar las visas de India en la embajada de Teherán, nos informan de que el proceso dura diez días y que durante ese tiempo se quedan nuestros pasaportes. Hacemos cálculos y nos damos cuenta de que durante este tiempo vamos a necesitarlos para pedir una extensión de la visa iraní, concretamente, el mismo día que nos devolverían el pasaporte, tendríamos que pedir la extensión de visa. El problema es que los pasaportes se recogen a las cuatro de la tarde y las extensiones de visas se realizan solo por la mañana. Con lo cual estaríamos un día ilegales en Irán... Se lo decimos a la funcionaria que nos pide escribir una carta para agilizar el proceso. Es por eso que nada más volver a Teherán, según nos bajamos del autobus vamos directo a la embajada india donde, sorpresa, no han leído ni siquiera la carta. La funcionaria nos promete hacer todo lo posible para que recuperemos nuestros pasaportes a tiempo y efectivamente después de 48 horas de suspense, nos llama diciéndonos que las visas están listas. Después de cuatro visitas por la embajada india y tres por la oficina de inmigración, conseguimos seis meses de visa para la India y una extensión de veinte días para Irán el día antes de que fuéramos ilegales en el país. ¡Y nos quejamos de los trámites administrativos de nuestros países!

 

Ya solo nos faltaría la respuesta de la embajada de Turkmenistán que también tarda diez días en dar su visto bueno a la solicitud de visa de tránsito. El día que nos han citado para volver, la embajada está cerrada y un cartel en la puerta indica que volverá a abrir dentro de cinco días. Agobiados por este nuevo retraso y por la incertidumbre de no saber si nos la van a conceder o no, ya que Turkmenistán es un país muy cerrado que solo concede visas de tránsito de cinco días y que las otorga o las deniega de forma aleatoria, decidimos establecer un plan B en el caso de que nos la denieguen. De primeras imaginamos la posibilidad de saltarnos el país volando directamente desde Teherán hasta Tachkent, capital de Uzbekistán. Otra opción es cambiar radicalmente el rumbo de la ruta y bajar hasta el Golfo Pérsico, cruzar a Dubai en ferry, ciclar hasta Mascate, capital de Omán y desde ahí volar a la India para remontarla en bici hasta llegar a Nepal. Después de varios días de espera en Teherán, decidimos no esperar la respuesta de Turkmenistán y dirigirnos hacia el sur donde el clima será más llevadero para viajar en bici que en los países de Asia Central donde ya se está instalando el invierno. Este cambio radical de rumbo no regala por unos días un sentimiento de libertad muy agradable. Vamos a Nepal y por Nepal, pero el por dónde lo decide el camino. Como dice el gran viajero francés Nicolas Bouvier, “creemos que vamos a hacer un viaje pero es el viaje el que nos hace o nos deshace". 

Nous ne voulions pas trop y penser, mais en faisant la demande de visa à l'ambassade indienne de Téhéran, on nous informe que le processus prend dix jours et que pendant ce temps, l'ambassade gardera nos passeports. Après de savants calculs nous nous rendons compte qu'avant cette échéance nous en aurons besoin pour demander l'extension de visa iranien, concrètement, le jour-même où on nous rendrait nos passeports avec les visas indiens, nous devrions demander l'extension. Le problème étant que les passeports se récupèrent à 16 heures et que les extensions de visas se font seulement le matin, nous serions donc illégaux en Iran pendant un jour... Nous l'expliquons à la fonctionnaire qui nous demande d'écrire une lettre pour accélérer les démarches. C'est pourquoi, à peine revenus à Téhéran, nous allons de la gare routière directement à l'ambassade indienne où, quelle surprise, la lettre n'a même pas été lue. La fonctionnaire nous promet faire de son mieux pour que nous récupérions nos passeports à temps et effectivement après quarante huit heures de suspense, elle nous appelle pour nous dire que nos visas sont prêts. Après quatre visites à l'ambassade indienne et trois au bureau d'immigration, nous obtenons enfin six mois de visa pour l'Inde et une extension de vingt jours en Iran, la veille de la fin de nos visas. Et on se plaint des démarches administratives dans nos pays !

 

Il ne nous manquerait plus que la réponse de l'ambassade du Turkménistan qui doit aussi mettre dix jours avant de donner son feu vert aux demandes de visa de transit. Le jour convenu par l'ambassade pour que l'on aille chercher un éventuel visa, un panneau sur la porte annonce une fermeture de cinq jours. Stressés par ce nouveau retard et par l'incertitude de ne pas savoir si nous l'obtiendrons ou pas - le Turkménistan est un pays très fermé qui ne donne que des visas de transit de cinq jours et qui les accepte ou les refuse de manière aléatoire - nous décidons d'imaginer un plan B au cas où on nous le refuserait. Nous pensons d'abord à la possibilité d'éviter le pays en volant directement de Téhéran à Tachkent, capitale de l'Ouzbékistan. Une autre option est de changer complètement la direction du voyage et de descendre vers le Golfe Persique, traverser en ferry jusqu'à Dubaï, pédaler jusqu'à Muscat, la capitale de l'Oman et de là prendre un avion pour l'Inde afin de remonter en vélo jusqu'au Népal. Après plusieurs jours d'attente à Téhéran, nous décidons de ne pas attendre la réponse du consulat turkmène et de nous diriger vers le sud où le climat sera plus supportable pour pédaler que dans les pays d'Asie Centrale où l'hiver s'installe déjà. Ce changement radical de cap nous offre pendant quelques jours un sentiment de liberté bien agréable. Nous pédalons vers le Népal et pour le Népal, mais c'est le chemin qui décide de lui-même. Comme disait le grand voyageur français Nicolas Bouvier "on croit qu'on va faire un voyage mais bientôt c'est le voyage qui vous fait ou vous défait".  

 


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Un immense merci à toute l'équipe de l'Ecole du Ski Français des Contamines-Montjoie pour leur soutien tant matériel que moral !