La Turquía europea y Estambul - La Turquie européenne et Istanbul

Por una carreterilla pequeña llegamos a la primera gran frontera del viaje. Una gran bandera turca en el horizonte y un atasco de coches de más de un kilómetro nos anuncian que ya estamos cerca. Sorteamos la cola y llegamos al control, la entrada a Turquía es gratis para los franceses pero no así para los españoles que necesitan una visa (17 si se pide por internet con antelación y 25€ si se pide directamente en la frontera). Tres controles de pasaporte más tarde y un ligero registro de alforjas y ya estamos al otro lado, aquí el atasco es de al menos cuatro kilómetros, son casi todos coches con matrículas alemanas, suizas o francesas, son turcos que vuelven a sus países adoptivos después de pasar las vacaciones en su Turquía natal, cargados de todos aquellos productos que no se encuentran en nuestros países.

Nous atteignons la première grande frontière de notre voyage par une petite route. Un grand drapeau turc à l'horizon et un embouteillage de plus d'un kilomètre nous indiquent que nous approchons. Nous sautons la file d'attente et arrivons au contrôle, l'entrée en Turquie est gratuite pour les français mais pas pour les espagnols qui ont besoin d'un visa (17€ par internet en le commandant à l'avance, 25€ sur place). Trois contrôles de passeports plus tard et une légère fouille de nos sacoches, et nous sommes de l'autre côté, où la file d'attente est ici de plus de quatre kilomètres, presque entièrement formée de voitures aux plaques allemandes, suisses ou françaises, de turcs revenant dans leur pays d'adoption après avoir passé l'été dans leur Turquie natale, chargés de tous ces produits qu'ils ne trouveront pas dans nos pays. 


La pequeña carretera se ha convertido en una gran autovía de doble carril, la E84, donde están autorizadas las bicicletas y los vendedores de sandías y melones, ésta nos llevará desde el paso fronterizo de Ipsala hasta Estambul. La han trazado recta sin tener en cuenta la morfología del terreno lo que conlleva una sucesión de subidas y bajadas que junto al tráfico y al calor presagian unos días monótonos hasta Estambul. Pero siempre hay sorpresa, como Travis y Federica, una joven pareja germano-española de cicloviajeros que conocimos en una gazolinera y volvimos a encontrar en un “camping” de Tekirdag, o como Rafet, el hijo del dueño de otra gazolinera con quien nos quedamos un par de horas hablando de su país, aprendiendo palabras de turco y compartiendo el primero de una larga serie de çay, la bebida nacional. 

La petite route est devenue une grande nationale à double voie, la E84, autorisée aux vélos et aux vendeurs de pastèques et de melons, et qui nous mènera du poste frontière d'Ipsala jusqu'à Istanbul. Elle a été tracée bien droite sans tenir compte de la morphologie du terrain ce qui suppose une succession de montées et descentes qui, ajoutée au trafic de plus en plus dense et à la chaleur, nous laissent imaginer quelques journées monotones jusqu'à Istanbul. Mais comme toujours, nous avons la surprise de rencontrer dans une station-service Travis et Federica, un jeune couple germano-espagnol de ciclo-voyageurs, et de les recroiser dans un camping de Tekirdag; et dans une autre station-service, le jeune fils du propriétaire, Rafet, avec qui nous passons quelques heures agréables à parler de son pays, à apprendre quelques mots de turcs et à boire le premier d'une longue série de çay, la boisson nationale.  


Al pedalear por esta carretera hemos tenido que agudizar un poco nuestro olfato para encontrar vívacs (al principio ni un bosque donde esconderse y luego todo urbanizado) pero finalmente siempre encontramos algún campo de trigo segado en la salida de una ciudad o de girasoles secos al borde de la autovía.

Pédaler le long de cette route nous a permis d'aiguiser notre capacité à trouver des endroits où bivouaquer (au début aucun bosquet et ensuite tout urbanisé) mais finalement nous avons toujours dégoter des champs de blé moissonné à la sortie des villes ou de tournesols séchés en bordure de la nationale.


A caballo entre el continente europeo y el asiático, Estambul se extiende sobre unos 40 kilómetros al oeste del Bósforo y otros 60 kilómetros al este, con una población estimada de unos 15 millones de habitantes. La llegada en bici a Estambul ha sido toda una aventura, hemos usado los carriles del tramvía para movernos por el centro. Tras una primera noche en el centro histórico y una visita al consulado iraní, cruzamos en bici el puente de Galata para subir al barrio de Beyoglu donde nos esperaba Firat, propietario del AirBnB donde aparcaríamos las bicis por siete días.

A cheval entre les continents européen et asiatique, Istanbul s'étend sur plus de 40 kilomètres à l'Ouest du Bosphore et sur une soixantaine de kilomètres à l'Est, et compte une population d'environ 15 millions d'habitants. L'arrivée en vélo à Istanbul fut une aventure à proprement parlé et nous avons utilisé les rails du tramway pour nous déplacer jusqu'au centre. Après une première nuit passée dans le centre historique et une visite au consulat iranien, nous avons traversé en vélo le Pont de Galata pour monter dans le quartier de Beyoglu où nous attendait Firat, propriétaire du AirBnB où nous allions garer nos vélos pendant sept jours.


Nuestra primera visita al consulado iraní iba a ser de cortesía, ubicarlo bien, confirmar los horarios de apertura... pero un grupo de gente amontonada delante del portón de hierro nos hace pensar que igual está abierto (aunque los horarios que habíamos visto en Internet y los de la puerta indican que está cerrado). Una chica que esperaba en la puerta nos dice que el día siguiente es fiesta nacional (Día de la Victoria), por lo cual decidimos unirnos al grupo de gente que golpea el portón. Un funcionario iraní saliendo a fumarse un cigarro nos dice de volver a las dos de la tarde para las visas. Es la una, tenemos tiempo para conseguir un pañuelo para que Emilie entre sin problemas, hacer un par de fotocopias y asgurarnos otra vez de que tenemos todos los documentos. A las dos, el grupo sigue igual de apelotonado y de insistente, acaba de llegar un bus de clandestinos custodiados por policías turcos. En medio del grupo, pegados al portón, vemos una pareja de europeos decididos a entrar.

 

La marea de gente nos sepera el uno del otro justo en el momento en que se abre la puerta y el guarda, entre empujones y gritos, deja pasar a los demandantes de visas, entre ellos estos dos europeos y Millán. Una vez dentro, Millán habla con ellos, son Hermine y Clément, dos arquitectos franceses que están de viaje de novios por Europa y Asia, y también se da cuenta de que Emilie, que se ha quedado fuera, tiene la mitad de los papeles, vuelve sobre sus pasos, le enseña al guarda la foto de ella, diciéndole “girlfriend” y señalándo la puerta mientras ella, por el otro lado, le ve por una rendija del hierro y le grita “Millán, estoy aquí!”. Por fin el guarda abre y logramos entrar los dos. Una vez dentro, con la presolicitud de visa que hicimos por internet (29 con la agencia 1st Quest), nuestros pasaportes y el recibo del banco de haber pagado 50€ (o 75€ si la queríamos ese mismo día), tramitamos la visa que recogeremos en cuatro días. Para reponernos de este tenso episodio, nos vamos a tomar un çay con Hermine y Clément que resultan ser súper majos, y nos citamos para una cena juntos durante nuestra estancia en Estambul.

 

Con las bicis aparcadas en Beyoglu, empezamos a recorrer las calles de Estambul caminando, perdiéndonos en los barrios y sentándonos en las plazas para observar a sus gentes. Es difícil conocer una ciudad en una semana, y más una ciudad como Estambul que esconde tanta historia y cultura. Así que nos lo tomamos con calma, sabiendo que volveremos. Empezamos por el barrio de Beyoglu y los alrededores de la Torre de Galata, sus calles empinadas cada una ella especializada en un sector : tiendas de música, de electricidad, iluminación, bricolage, outdoor... Después de cruzar el Cuerno de Oro, un paseo por el barrio de Balat antes de subir a la Iglesia-Museo de Chora (Kariye Müzesi), famosa por sus mosáicos y frescos tardo-bizantinos pero por desgracia en obra como la mitad de los monumentos de Estambul. También subimos a la muralla romana de Constantinopla para disfrutar de la panorámica sobre la ciudad.

 

 

Notre première visite au consulat iranien allait être une visite de courtoisie, pour bien le situer, confirmer les horaires d'ouverture... mais un groupe de gens entassés devant le portail en fer noir nous laisse à penser que c'est encore ouvert (malgré les horaires affichés à l'entrée et sur internet). Une femme qui attend devant la porte nous dit que le lendemain est jour férié en Turquie (Jour de la Victoire), nous décidons donc de nous unir au groupe qui frappe au portail. Un fonctionnaire iranien sorti fumer une cigarette nous dit de revenir à 14h pour nos visas. Il est 13h, juste le temps de trouver un foulard pour qu'Emilie entre sans problème, faire des photocopies et vérifier que nous avons bien tous les documents. A 14h, l'attroupement est toujours aussi important et insistant, un bus de clandestins entourés de policiers turcs vient d'arriver. Au milieu de la foule, collé au portail, nous apercevons un couple d'européens bien décidés à entrer.

 

La marée de gens nous sépare l'un de l'autre, juste au moment où la porte s'ouvre et le garde, vaincu par la poussée et les cris du groupe, laisse entrer les candidats au visa, dont les deux européens et Millán. Une fois à l'intérieur, Millán parle avec eux, Hermine et Clément sont deux architectes français en voyage de noces à travers l'Europe et l'Asie, et se rend compte qu’Émilie est restée dehors avec la moitié des papiers. Il revient sur ses pas, montre au garde une photo d'elle et désigne la porte en disant “girlfriend”, alors que depuis la rue, elle peut le voir au travers d'une fente du portail et lui crie “Millán, je suis là!”. Le garde finit par ouvrir et nous entrons tous les deux. Une fois à l'intérieur, avec le code-lettre d'invitation commandé sur internet (29€ avec l'agence 1st Quest), nos passeports et le reçu de la banque attestant du paiement de 50€ (75€ si nous avions préféré l'avoir le jour-même), nous faisons la demande de visa que nous viendrons chercher dans quatre jours. Pour nous remettre de la tension de cet épisode, nous allons boire un çay avec Hermine et Clément avant de nous donner rendez-vous pour un repas pendant notre séjour commun à Istanbul.

 

Les vélos bien au chaud à Beyoglu, nous commençons à parcourir la ville à pied, à nous perdre dans les quartiers, à nous asseoir sur les bancs publics pour observer les gens. En une semaine, il est difficile, voire impossible, de découvrir une ville, surtout s'il s'agit d'une ville comme Istanbul qui abrite tant d'Histoire et de cultures. Alors nous y allons calmement, sachant que nous reviendrons un jour. Nous commençons par le quartier de Beyoglu et les alentours de la Tour de Galata, ses rues pentues chacune spécialisée dans un secteur commercial : musique, électricité, luminaires, sports d'aventure... Nous traversons la Corne d'Or, une balade dans le quartier de Balat avant de monter vers l'Eglise-musée de Saint-Sauveur in Chora (Kariye Müzesi), connue pour ses mosaïques et ses fresques byzantines, mais malheureusement en travaux comme la plupart des monuments de la ville. Nous montons sur la muraille romaine de Constantinople pour observer Istanbul depuis sa hauteur.



Hay dos bazares emblemáticos en Estambul, el Gran Bazar y el Bazar de las Especies, éste último relegado quizás a un papel más turístico. Pero el Gran Bazar, con sus 64 calles cubiertas y más de 4000 tiendas agrupadas por sectores comerciales, sigue siendo muy frecuentado por los locales. Entre estos dos bazares, existe un entresijo de calles llenas de tiendas, puestitos de comida, vendedores de camisetas de fútbol, de tutús de princesa de las nieves... vamos, todo lo que se pueda imaginar. Al seguir bajando por el barrio de Eminonu, se llega a una gran plaza donde se enfrentan la Mezquita-Museo de Santa Sofía y la Mezquita Azul del Sultán Ahmet. Decidimos entrar a ver la majestuosa Ayasofya, que aunque esté en obras y llena de turistas haciéndose selfies con cualquier pilar de mármol, merece la pena conocer. 

Il y a ici deux bazars emblématiques, le Grand Bazar et le Bazar des Épices, ce dernier étant principalement consacré au tourisme. Mais le Grand Bazar, avec ses 64 rues couvertes et plus de 4000 boutiques regroupées par secteurs commerciaux, est toujours très fréquenté par les locaux. Autour de ces deux bazars, s'entrecroise un multitude de ruelles bondées de magasins, de stands de nourriture, de vendeurs de t-shirts de foot, de tutus à l'effigie de la Princesse des Neiges... de tout en fin de compte. Si l'on continue de descendre le quartier d'Eminonu, on arrive sur une grande esplanade où se font face la Mosquée-musée de Sainte-Sophie et la Mosquée Bleue du Sultan Ahmet. Nous décidons de visiter la majestueuse Ayasofya qui vaut le détour, malgré les travaux en cours et les dizaines de touristes prenant des selfies avec le moindre pilier de marbre. 


Todos los días hemos cruzado alguno de los tres puentes que cruzan el Cuerno de Oro uniendo Beyoglu a Fatih, viendo como los estambulitas se organizan a lo largo de los puentes para colocar sus cañas y con suerte pescar algo para cenar o para vender a los restaurantes de pescado de la planta inferior del Puente de Galata donde una de las especialidades es el bocadillo de pescado con lechuga que cuesta 12 liras (1,5€).

Tous les jours nous avons traversé un des trois ponts qui enjambent la Corne d'Or et unissent les quartiers de Beyoglu et de Fatih, observant alors le manège des stambouliotes venus pécher leur dîner ou de quoi vendre aux restaurants de poisson de l'étage inférieur du Pont de Galata dont la spécialité est le sandwich au poisson et à la laitue pour 12 lires turques (1,5€).


El barrio por el que hemos caminado más ha sido el de Beyoglu, recorriendo la avenida Istiklal de arriba abajo y conociendo todas sus librerías en busca de un mapa de carreteras de Turquía y de libros en francés o en español para las tardes de vívac. Antes de la Plaza Taksim, en un pequeño entramado de calle se aglutinan los Mehani, restaurantes especializados en mezze y raki (pequeños platos, tipo tapas, de pescado, carne o verdura fresca, acompañados del alcohol anisado típico turco). Aprovechamos que es el día de la apertura de la pesca para despedirnos de Hermine y Clément en uno de ellos.

 

 

Preparando la salida de Estambul, sin saber muy bien si coger un ferry para remontar el Bósforo hasta el Mar Negro o un bus que nos saque de la ciudad, nos decidimos por esta segunda opción y aprovechamos para hacer un salto hasta Bartin, en la costa del Mar Negro. Una última visita al consulado iraní para recoger nuestras visas, la tramitación de la visa de Uzbekistan en su consulado estambulita, y nos despedimos de nuestro anfitrión Firat. El día que elegimos para salir de Estambul y adentrarnos en el continente asiático, es el día que nuestra sobrina Juliette ha elegido para salir del vientre de su madre para descubrir el mundo. Nos da pena no estar en este gran momento, pero sabemos que estaremos para el resto de sus aventuras. 

 

Anatolia nos espera y la costa del Mar Negro.

Nous avons beaucoup marché dans le quartier de Beyoglu, nous avons remonté plusieurs fois la célèbre avenue d'Istiklal et fait le tour de toutes ses librairies à la recherche d'une carte routière de Turquie et de livres en français ou en espagnol pour les soirées de bivouac. Avant la Place Taksim, au Nord d'Istiklal, dans un labyrinthe de ruelles, s'agglutinent les "Mehani", restaurants spécialisés dans les mezze et le raki (petits plats, du style tapas, de poisson, viande et légumes frais accompagnés de l'alcool anisé typique de Turquie). Nous profitons de l'ouverture de la pêche pour y voir une dernière fois nos amis Hermine et Clément. 

 

 

Au moment de préparer notre départ d'Istanbul, nous hésitions entre un ferry pour remonter le Bosphore jusqu'à la Mer Noire ou un bus qui nous permette de sortir de la ville facilement, nous avons finalement choisi la deuxième option et en avons profité pour faire un saut de puce jusqu'à Bartin, sur la côte de la Mer Noire. Une dernière visite au consulat iranien pour récupérer nos visas, les démarches du visa d'Ouzbékistan dans son consulat stambouliote, et nous disons au revoir à notre hôte Firat. Le jour de notre départ d'Istanbul et de nos premiers pas sur le sol asiatique fut aussi le jour que choisit notre nièce Juliette pour sortir du ventre maternel et venir découvrir le monde. Tristes de ne pas être présents pour ce grand moment, mais rassurés par la certitude que nous serons là pour le reste de ses aventures.

 

L'Anatolie et la côte de la Mer Noire nous attendent.


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Un immense merci à toute l'équipe de l'Ecole du Ski Français des Contamines-Montjoie pour leur soutien tant matériel que moral !