Maja e Jezerces (2694m), Albania

Una vez en Albania, dejamos las bicicletas en Shkodra (ciudad del norte) con la idea de, a la mañana siguiente, encaminarnos al Valle de Theth. Es posible ir en transporte público desde una plaza del centro pero Mikel, el Warm Showers que nos acoge en el jardín de su hostel (Green Garden Hostel) nos avisa que un Jeep saldrá a las 7.30 de la mañana del día siguiente con clientes suyos, nos cuesta 10 euros, el mismo precio que el bus. Finalmente salimos a las 8.30 y pasamos tres horas sentados en el fondo del Jeep viendo como el chófer sortea sin frenar coches, agujeros del camino y vacas, ¡todo un rally! Pero curiosamente cuando suena el móvil cada dos minutos, para al lado de la carretera para contestar. Las dos primeras horas de trayecto van por carretera de asfalto, la última por un camino de tierra y curvas. Llegamos al pueblito de Thethi, entrada del Parque Nacional del mismo nombre, y que promete ya unos días de vistas impresionantes.

 

El trekking clásico, que atrae a los turistas a esta zona de Albania, consiste en cruzar del Valle de Thethi al de Valbona, de un Parque Nacional a otro, de los paisajes impresionantes de un valle de estilo alpino a las altísimas paredes de caliza y cascadas del otro lado. Duermen una noche en una de las cada vez más numerosas guesthouses de Valbona y vuelven a Shkodra.

 

Nuestros objetivo para los dos días y dos noches que estamos en Valbona, es alcanzar la cima del Maja e Jezerces o Cresta del Lago, que es la cumbre más alta de los Alpes Dináricos. No hemos encontrado mucha información sobre el pico lo que lo hace muy atractivo para nosotros. Aunque es una cima frecuentada, la mayoría de los grupos escoge su otra cara para ascenderla. Supuestamente la ruta está señalizada... veremos.

 

Entre el retraso del Jeep y el tiempo de aproximación hasta Thethi, empezamos a caminar a las 12 del día, por suerte casi toda la subida hasta el Paso de Valbona trascurre por un bosque de hayas que nos da bastante sombra. Nos cruzamos con varios grupos de turistas, muchos han contratado los servicios de un burro junto a su dueño para llevarles las mochilas. Nosotros vamos cargados con nuestro campamento y dos días de comida.

 

A pesar del turismo creciente, vale la pena conocer esta zona del país. Quitando el camino que une Thethi a Valbona, el resto de los valles siguen siendo muy salvajes y no tienen nada que envidiarles a los más bonitos valles cantábricos, pirenaicos o alpinos.

 

Desde el Paso de Valbona, collado que une los valles de Thethi y Valbona, el sendero baja unos 300 metros antes de separarse en dos: a Valbona, o a la cima. Armamos el vivac cerca de la primera surgencia de agua que encontramos, donde el feliz dueño del Café Simone (cuatro tablitas de madera bajo un techo de hojas) ha aprovechado el agua helada que emana de la montaña para enfriar cervezas y Coca-Colas que vende a precio de oro.

 

Al día siguiente, el despertador suena a las 5 de la mañana, empezamos a caminar bajo un cielo nublado. El sendero permanece marcado por unos 300 metros con sus dianas blancas y rojas luego se pierde quedándose en marcas escasas y difíciles de ver, pero que nos reafirman de que vamos por el buen camino. Primero sube entre piedras por una gran vaguada, en su parte alta encontramos el primer gran nevero, todavía duro a estas horas del día. A unos 1950 metros de altitud nos desvíamos a la derecha hacia unas laderas de hierba muy empinadas donde las pocas marcas y los bancos de niebla ponen a prueba nuestras habilidades orientativas y la calidad de nuestro GPS.

 

Una sucesión de escalones rocosos y vegetales nos permite ganar la cresta y pasar a la parte alta del valle paralelo. La niebla se levanta dejándonos ver el resto del camino. Pasamos varios neveros entre pequeñas fajas que hacen franqueable lo que a primera vista parecía infranqueable. Llegamos al collado que precede a la Cresta del Lago y vemos que por esta cara queda todavía más nieve que por el valle anterior. Con las escasas marcas enterradas en la nieve, intentamos trazar una ruta cogiendo el máximo de roca y el mínimo de nieve. Las mismas nubes que unas horas antes nos ayudaron a subir quitándonos el sol, son las culpables de que los neveros que nos separan de la cima no estén lo suficientemente fundidos. Solo contamos con cuatro bastones de trekking y dos pares de botas semi rígidas, echamos de menos unos crampones ligeros. Los últimos neveros ya tienen una cierta inclinación y un final incierto si te resbalas... Hacemos un último intento de bordearlos por la especie de rimaya que forma la nieve con las paredes de piedra pero nos damos por vencidos a 200 metros de la cima. Sabiendo que “la caballería nunca retrocede, sino que se da la vuelta para seguir avanzando”, decidimos volver sobre nuestros pasos.

 

La bajada nos permite observar toda la variedad de flores de altura presentes en los pequeños prados alpinos y disfrutar de las vistas que en la subida estaban escondidas por la niebla.

 

Una vez en la surgencia, recuperamos todo el material de vivac que habíamos dejado escondido en medio del bosque y continuamos el descenso hasta el fondo del espectacular valle glaciar de Valbona.

 

El día todavía nos regala imágenes inolvidables, un par de turistas jóvenes a los que un burrito portea la maleta de ruedas o el cachito que recorremos en stop donde nos subimos al suelo de un minibus lleno de una familia de kosovares que nos recuerdan que Francia ha apoyado su independencia gracias a “¡Sarkozy good!” pero que España se la ha rechazado: “¡España no good!”.

 

Montamos vivac en un pequeño prado al lado del río helado y al día siguiente madrugamos otra vez para unirnos a la caravana de turistas que bajan al Lago Komani para cruzarlo en ferry y bajar luego a Shkodra. Para los interesados, un minibus sale de Valbona a las 7 de la mañana (no creer a los chóferes de taxi que dicen que “no bus”) y por 5 euros nos deja en Fierze donde el ferry de las 9 cuesta 8 euros. Otros 5 euros y un minibus recoge los últimos 50 kilómetros que separan Koman de Shkodra. Los 120 kilómetros y la combinación de transportes son dignos de ver sobre todo el tramo de ferry que trascurre por una especie de fiordo lleno de desfiladeros.  

Une fois arrivés en Albanie, nous laissons les vélos à Shkodra, ville du Nord, dans le but de rejoindre le lendemain la Vallée de Theth. Il est possible de s'y rendre en transport public mais Mikel, le Warm Showers qui nous accueille dans le jardin de son auberge de jeunesse (Green Garden Hostel) nous prévient qu'une Jeep partira de là à 7h30 du matin avec des clients à lui pour 10 euros, le même prix que le bus. Finalement, nous partons à 8h30 et nous passons trois heures assis au fond de la Jeep à regarder comment le chauffeur évite avec brio voitures, nids de poules et vaches mais s'arrête toutes les deux minutes chaque fois que son portable sonne. Pendant deux heures la voiture emprunte une route goudronnée avant de s'engager sur une piste tortueuse de terre qui descend sur le petit village de Thethi, entrée du Parc National du même nom et qui promet déjà des journées de paysages impressionnants. 

 

La randonnée classique, qui attire les touristes dans cette région de l'Albanie, consiste à traverser de la Vallée de Thethi à celle de Valbona, d'un Parc National à l'autre, d'imprenables paysages de style alpin aux hautes parois calcaires de l'autre côté. La plupart des gens dort une nuit dans une des nombreuses guesthouses de Valbona avant de redescendre à Shkodra. 

 

Notre objectif pour les deux jours et deux nuits que nous passons à Valbona est d'atteindre le sommet du Maja e Jezerces ou Crête du Lac, point culminant des Alpes Dinariques. Nous n'avons pas trouvé beaucoup d'information sur ce sommet ce qui le rend plus attrayant à nos yeux. C'est une montagne fréquentée mais la plupart des randonneurs y monte par l'autre face. L'itinéraire est censé être signalisé... nous verrons.

 

Entre le retard de la Jeep et le temps d'approche jusqu'à Thethi, nous commençons la marche vers midi, heureusement que le plus gros de la montée se fait dans une belle hêtraie ombragée. Nous croisons plusieurs groupes de touristes, souvent accompagnés d'un muletier et de sa bête portant leurs sacs à dos. Nous portons le matériel de bivouac et deux jours de nourriture.

 

Malgré le tourisme croissant, ce coin du pays gagne à être connu. A part le sentier qui unit Thethi à Valbona, les vallées environnantes sont restées très sauvages et n'ont rien à envier aux plus belles vallées de Cantabrie, des Pyrénées ou des Alpes.

 

Depuis le Col de Valbona, passage entre les deux vallées, le sentier descend encore sur 300 mètres avant de se diviser en deux itinéraires : vers le village de Valbona ou vers le sommet. Nous montons le bivouac près de la première source d'eau que nous trouvons, où l'heureux propriétaire du Café Simone (quatre planches en bois sous un toit de feuilles) profite de l'eau glacée qui dévale les pentes de la montagne pour refroidir bières et cocas qu'il vend à prix d'or. 

 

Le lendemain, le réveil sonne à 5 heures, nous commençons à marcher sous un ciel nuageux. Le sentier monte d'abord dans un grand talweg rocailleux, il est d'abord relativement bien marqué sur les premiers 300 mètres de dénivelé par des cibles blanches et rouges mais celles-ci se raréfient au fur et à mesure que nous avançons, confirmant de temps en temps que nous sommes toujours sur le bon chemin. Nous traversons un grand névé, encore dur à cette heure-ci, et vers 1950 mètres, nous prenons à droite dans de fortes pentes herbeuses où le peu de signalisation et les bancs de brume mettent à l'épreuve nos capacités d'orientation et la qualité de notre GPS. 

 

Une succession de terrasses rocheuses et végétales nous permet d'atteindre la crête qui nous fait passer sur la partie haute du vallon parallèle. La brume se lève et nous laisse visualiser le reste de l'itinéraire. Nous passons plusieurs névés entre quelques belles vires rocheuses qui rendent franchissable ce qui nous paraissait à première vue infranchissable. Nous atteignons le col précédant la Crête du Lac et nous nous rendons compte que ce côté est encore plus enneigé que le précédent. Les cairns ont disparu et les rares marques sont enterrées sous la neige, nous essayons de nous frayer un chemin entre les névés. Les mêmes nuages qui quelques heures avant nous libéraient de la chaleur sont maintenant coupables de la dureté de la neige qui nous sépare du sommet. Nous n'avons que des bâtons de randonnée et des chaussures à tige moyenne, des crampons légers nous manquent. Les derniers névés sont bien pentus et l'issue d'une glissade trop incertaine... nous faisons une dernière tentative dans une rimaye créée contre les parois rocheuses, mais nous baissons les bras 200 mètres avant le sommet. Conscients que "la cavalerie ne recule jamais, mais fait demi-tour pour mieux avancer", nous décidons de revenir sur nos pas. 

 

La descente nous permet d'observer une grande variété de fleurs en coussinet dans les pelouses alpines que nous traversons et des vues imprenables cachées par le brouillard de la montée. 

 

Arrivés à la source, nous récupérons le matériel de bivouac caché dans un bosquet et nous continuons notre descente jusqu'au fond de la spectaculaire vallée glaciaire de Valbona. 

 

La journée nous offre encore quelques images inoubliables, comme celle d'un couple de jeunes touristes et d'un âne qui porte leur flambant neuve valise à roulettes ou celle d'un minibus rempli d'une famille de kosovars qui nous rappellent que "Sarkozy good" mais que l'Espagne n'a pas reconnu leur indépendance vis à vis de la Serbie. 

 

Nous montons le camp dans une prairie à côté de la rivière gelée et le lendemain matin nous nous levons encore très tôt pour nous unir à la caravane de touristes qui descendent jusqu'au lac Komani, le traversent en ferry pour atteindre ensuite Shkodra. Pour ceux que ça pourrait intéresser : un minibus part de Valbona à 7 heures du matin pour 5 euros (ne pas croire les chauffeurs de taxis qui assurent que "no bus") et atteint Fierze d'où le ferry part à 9 heures (8 euros). Depuis Koman, un autre minibus parcourt les derniers 50 kilomètres qui séparent de Shkodra pour 5 euros. Ces 120 kilomètres de descente et les différents modes de transport valent leur pesant d'or surtout le trajet en ferry qui traverse une sorte de fjord entouré de canyons très sauvages. 

 

 

 


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